martes, 25 de agosto de 2015

EL MAHABHARATA

Esta monumental epopeya narra la terrible contienda que enfrenta a dos ramas de una misma familia real, constituida por los Pandavas, hijos de Pandú, y los Kauravas o Kurus, hijos de Dhritarashtra. Al inicio se dice cómo el rey Kuru, gobernante de Hastinapura, muere sin dejar descendencia. Los ministros del reino ordenan traer al sabio Vyasa para que engendre herederos. Él es el verdadero padre de los dos hermanos que constituyen a las familias que posteriormente entrarán en pugna: Pandú y Dhritarashtra; aunque son reconocidos como hijos del rey finado Kuru.
Vyasa
Posteriormente el reino es entregado al primero, porque su hermano, a pesar de ser el mayor y por lo mismo a quien correspondía heredar el trono, era ciego y por tal motivo no podía tomar el mando del gobierno. Ambos tienen hijos: los Pandavas (que eran cinco: Yudhistira «el animoso», Bhima «el terrible», Arjuna «el brillante», Nakula «valeroso» y Sahadeva «leal») y los Kauravas (que eran cien, de los cuales el mayor y jefe de todos ellos era: Duryodhana); quienes serán los que realmente provocan el cisma familiar.
A la muerte del rey Pandú la corona es cedida finalmente a Dhritarashtra y los Pandavas son recibidos y educados en la corte de éste al lado de sus primos. Éstos no tardaron en albergar envidia, porque aquellos estaban dotados de una fuerza invencible, de grandes cualidades y pronto los cinco hermanos se ganaron el afecto de su tío quien los prefería. Los Kauravas por esta razón planearon deshacerse de ellos a toda costa y buscaron aprovechar cuantas oportunidades se les presentaba.
Draupadi
y los Pandavas
En una ocasión cuando los Pandavas dormían, sus primos deciden quemarlos vivos y prenden fuego al palacio en donde se encontraban. Los hijos de Pandú huyen y se refugian en la selva. En su estancia en este lugar, se enteran que el rey Drupada ha convocado a todos los chatria a una competencia, para obtener el amor y la mano de la hermosa princesa Draupadi. Ninguno de los contendientes sale vencedor y este rey decide organizar un torneo diferente con otras varnas (castas). Los cinco hermanos asisten a dicho evento y como se encontraban en la selva, llegan disfrazados de brahmanes. Arjuna, con esta vestimenta, gana la mano de Draupadi.
Él la conduce al sitio donde se ocultaban y al llegar dice a su madre Kunti: “Mira lo que hemos traído”, a lo que ella sin saber contestó: “Pues repártelo entre tus hermanos”; y como un noble no puede desobedecer las órdenes de sus padres, porque le deben absoluto respeto y obediencia, la bella princesa se desposa con los cinco Pandavas y vive por temporadas con cada uno de los hermanos, causando constantemente diferencias y discusiones entre ellos.
Este caso de poliandria (estado de la mujer casada simultáneamente con varios hombres), los sabios hindúes lo justifican afirmando que Draupadi es una alegoría de la belleza, la cual, siendo un concepto abstracto, no puede ser jamás mancillada y puede ser gozada por todos los hombres.
Exilio de los Pandavas
Dhritarashtra decide heredar el trono a su sobrino Yudistira, a lo cual Duryodhana se opone rotundamente y reta a su primo a un juego de dados, poniendo como apuesta el reino. El mayor de los Pandavas pierde el gobierno de Hastinapura, su dinero y la libertad, junto con la de sus hermanos, volviéndose todos esclavos de los Kauravas. El padre de estos, molesto por el proceder de su hijo, devuelve todas las posesiones y la libertad a sus sobrinos; pero después se hace una nueva apuesta y nuevamente el primogénito de los cinco hermanos pierde, sólo que ahora vivirán él y su familia en el bosque y no se dejarán reconocer.
Tras un sin fin de enredos y de constantes peleas, todo desemboca en una batalla formidable, en la cual perecen la mayor parte de los Kauravas. Los hijos de Pandú y su común esposa sobreviven a tan cruenta batalla, pero Yudistira, cansado de tantas luchas y tanta sangre derramada, decide ir con todos sus hermanos y Draupadi a buscar la paz infinita entre las nieves perpetuas del Monte Merú, en la cordillera del Himalaya.
Los ejércitos de Pandavas y Kauravas
Todos comienzan la ascensión en silencio, entregados a un éxtasis religioso, seguidos siempre de un perro. Poco a poco van pereciendo uno a uno. La primera en caer es la hermosa Draupadi y sucesivamente cuatro de los hermanos, hasta quedar de pie sólo Yudistira, en compañía del misterioso perro que lo ha seguido desde el inicio del viaje y que no es sino una encarnación de Yama (deva de la muerte. Se dice que fue el primer hombre que murió).
Indra desciende en su radiante carroza hasta su presencia y lo invita a entrar en el paraíso, pero él responde que irá sólo si el can lo acompaña, ya que lo ha seguido fiel todo el camino. El deva no está de acuerdo (por ser terriblemente despreciado este tipo de animal en la cultura de la India), pero el príncipe de Hastinapura insiste hasta que la divinidad accede, mostrando una vez más su alta nobleza. Ya en el paraíso, ve con dolor que no están sus hermanos y en cambio se encuentran allí sus enemigos. Pregunta por los suyos y se le dice que se hallan en el infierno.
Yudistira y su
perro ante
Indra
Interroga la razón de que Duryodhana siendo tan cruel pueda disfrutar del paraíso, a lo que se le contesta que él falleció cumpliendo su dharma de guerrero (su deber) al morir en combate. El Pandava, desconsolado por mirar a sus hermanos y su común esposa en el infierno, toma la decisión de abandonar el alto estado de gracia para reunirse con ellos. Los devas, conmovidos por tanta abnegación, permiten al héroe llevárselos al cielo, para volver a su esencia de seres divinos, como eran antes de encarnar en la tierra. La epopeya fija también el dharma que los reyes deben cumplir, el cual, en forma resumida, es:

1. Un soberano debe respetar y tener aprecio por los brahmanes.
2. Debe hacer buenas acciones (karma yoga).
3. Debe amar la verdad.
4. Debe actuar con rectitud.
5. Debe controlar sus paciones.
6. Debe ser justo y procurar justicia.
7. Debe ser compendio de todos los logros.
8. Debe ocultar sus propias debilidades y las de su reino.
9. Su primer deber es hacia los súbditos, el bienestar de ellos debe ser su principal preocupación.
10. No debe ser demasiado manso, pues los súbditos no le tendrían respeto, pero tampoco demasiado fiero, pues los súbditos le temerían y no serían felices.
11. Debe ser sabio al momento de gobernar y:
a) hacer la paz con un enemigo más fuerte.
b) hacer la guerra a un enemigo con la misma fuerza e invadir a uno más débil.
c) estar preparado para refugiarse en su fortaleza, en caso de vulnerabilidad.
d) causar desconcierto entre los jefes y altos mandos del enemigo.
e) tener diestros espías para conocer los secretos del enemigo
f) sobornar y engañar a los jefes del enemigo, convirtiéndolos en aliados.

Esta obra establece, de igual forma, cual es el comportamiento que todo individuo debe seguir. Uno de los personajes afirma odiar en el hombre cuatro cosas:

1. Insultarse a sí mismo por sentirse inferior.
2. Elogiar sus propias cualidades.
3. Rebajar a otros.
4. Decir fanfarronerías.

El Mahabharata es un texto en el que se hace una crítica constante al orden social y a las normas y principios tradicionales. Ejemplo de lo primero es el reproche que se hace al sistema de castas, según el cual los cuatro principales varnas (brahmanes, sacerdotes; chatrias, guerreros; vaysyas, comerciantes y artesanos; y sudras, campesinos) no debían enlazarse, porque “la mezcla de las castas es el infierno de la familia en el cual] perecen los eternos deberes de la casta, los eternos deberes de la familia”. Sin embargo, en un pasaje de esta epopeya, Dhritarashta dice: “para los héroes, como para los ríos, el origen no tiene importancia”.
En relación a los principios tradicionales uno de ellos es el arreglo matrimonial, el cual no se valora de la mejor forma, ya que en la obra se afirma: “las mejores nupcias que pueden celebrarse, son aquellas donde existe amor”. En la obra se juzga también el proceder de los guerreros y, en diversos momentos de la historia, se presentan normas de comportamiento y códigos de honor que los chatrias deben seguir, como hasta ahora se ha visto; mas estando en combate, al calor de la batalla, no se respetan y son violados con frecuencia.

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